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Los bolivianos acuden a las urnas en medio de una elevada polarización

Bolivia celebra este domingo 18 de octubre sus elecciones generales, un proceso crucial desde diversas perspectivas pero que en esencia se resume en una dicotomía: el retorno del Movimiento Al Socialismo (MAS) del expresidente, Evo Morales, al poder o un cambio de sistema que prometa terminar con 14 años de continuismo.

Para las elecciones, cinco fuerzas políticas pugnan por la presidencia y se disputan la nueva correlación de fuerzas en el Legislativo. Las encuestas muestran a dos con la mayor intención de voto, pero ninguna como clara vencedora: el MAS, que postula a la silla presidencial al exministro de Economía de Evo Morales, Luis Arce, y Comunidad Ciudadana (CC), liderada por el también expresidente, Carlos Mesa.

Arce está primero en las encuestas con una preferencia del 32,4%, seguido de Mesa con el 24,5%, pero los indecisos y quienes pidieron mantener en secreto su preferencia suman el 21,8%, según un estudio de la firma Ciesmori.

Detrás de Arce y Mesa se sitúa Creemos, organización política conformada en torno al exlíder cívico Luis Fernando Camacho, considerado el nuevo caudillo de Santa Cruz, la región más poblada y próspera de Bolivia.

Camacho jugó un papel trascendental en la salida del MAS del poder en noviembre de 2019, con el liderato de un movimiento que prometió sacar al entonces presidente Evo Morales del palacio de Gobierno, lo que finalmente sucedió.

Por debajo en las encuestas, figuran el Frente Para la Victoria (FPV) que postula al sacerdote protestante Chi Hyun Chung, de origen coreano y nacionalizado boliviano, y el Partido de Acción Nacional Boliviano (PAN-BOL), con el minero Feliciano Mamani como presidenciable.

Mientras que el MAS promete al electorado la recuperación del Gobierno “para ponerlo al servicio del pueblo”, sus oponentes proponen la restitución de la democracia para “terminar con la corrupción y los afanes prorroguistas”.

“La población se decanta por la restitución de un proyecto político depuesto, que es el anterior Gobierno, o por la sustitución de este. Hoy, el MAS es una fuerza minoritaria, pero tiene la ventaja de estar cohesionada. Del otro lado, las fuerzas están dispersas, peleando el mismo electorado. Esta dispersión las debilita y podría producirse una victoria de Arce”, afirma a la Agencia Anadolu el politólogo Franklin Pareja.

Mesa, añade el experto, “capitaliza el descontento del electorado que no quiere el retorno del MAS y eventualmente el de Morales. No es un candidato que seduzca ni haya creado una masa de mesistas, sino de antimasistas”. Políticos y analistas explican este fenómeno como el llamado “voto útil”.

Si Arce y Masa no consiguen más del 50% de los votos válidos o un mínimo del 40% con una diferencia del 10% en relación al segundo más votado, los candidatos y los bolivianos deberán ir a una segunda vuelta en noviembre, experiencia electoral hasta ahora inédita en el país.

En todo caso, es la primera ronda de votación la que define la correlación de fuerzas en la Asamblea Legislativa Plurinacional. “Esto es determinante, en función de ello, el futuro Gobierno tendrá viabilidad y sostenibilidad. La peor ecuación es ganar la presidencia y no tener poder”, afirma Pareja.

Y quien finalmente podría tener la llave de la gobernabilidad es Camacho, que con los votos de Santa Cruz obtendría cuatro escaños en el Senado.

En medio de este incierto panorama, cerca de 7,3 millones de ciudadanos habilitados para sufragar acudirán a las urnas este domingo, bajo un estricto protocolo de medidas de bioseguridad para evitar la propagación del la enfermedad del coronavirus (COVID-19), que obligó a postergar las elecciones en dos oportunidades.

Los comicios de este año buscan reparar las fallidas elecciones del 20 de octubre de 2019, cuando un informe de la misión de observación electoral de la Organización de los Estados Americano (OEA) estableció la “manipulación dolosa” del cómputo oficial en favor de Morales, quien pretendía permanecer al mando del país por cuarta vez consecutiva.

Bolivia se vio sumida entonces en un estallido de protestas y enfrentamientos que enlutaron a más de 30 familias en diversas regiones del país. Esta sombra se cierne nuevamente en el actual contexto, y el llamado de autoridades y políticos es a respetar los resultados emanados de las urnas.

Desde su asilo en Argentina, Morales denuncia que su intempestiva salida del poder y de Bolivia fueron causados por “un golpe de Estado” gestado por los partidos políticos tradicionales, con apoyo de la Policía, las Fuerzas Armadas y los Estados Unidos.

Otro factor de análisis y de alto interés político no solo para Bolivia, sino para la región y varios países del mundo tiene que ver con el futuro del liderazgo de Evo Morales, quien arropado por grupos de intelectuales progresistas y algunos gobiernos de América y Europa reclama la restitución de un poder que –según afirma– le ha sido arrebatado.

 

En criterio de Pareja, las elecciones en Bolivia “dejaron de ser de interés solamente boliviano, y así han empezado a ser todas las elecciones de la región, porque los intereses corporativos se han transnacionalizado y hoy hay fuerzas políticas con presencia y enclave regional, con asistencia, financiamiento y solidaridad mutua, que en muchos casos están vinculadas a actividades ilícitas. Que Morales sea, probablemente, uno de los actores más importantes en la transnacionalización del narcotráfico, podría explicar los intereses extrapolíticos y supranacionales”.

Líderes y políticos del MAS han manifestado en reiteradas ocasiones que nada vincula al expresidente con el tráfico de drogas y que este tipo de señalamientos, que solo buscan desprestigiarlo, caen en saco roto.

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